Firefox 91: una resistencia a la desesperada ante el imperio Chrome

Firefox 91: una resistencia a la desesperada ante el imperio Chrome

Ilustración Retina

Firefox ha tenido mejores días. En su último Informe de Datos Públicos, el navegador de Mozilla ha comunicado que el número usuarios activos de su servicio se ha reducido un 20% en tres años: de 244 millones al mes a finales de 2018 a 198 millones a finales del segundo trimestre de 2021. Cerca de 50 millones de usuarios se han pasado a alguno de los navegadores de la competencia. En estas circunstancias, la compañía ha lanzado este mes la última actualización de su navegador, Firefox 91. Un movimiento para paliar su pérdida abismal de popularidad e intentar consolidarse como la resistencia ante el indiscutible rey del sector: Google Chrome.

Los dos últimos años, coincidiendo con la pandemia del coronavirus, le han pasado una costosa factura a Mozilla. Solo en 2021 el navegador ha perdido cerca del 12% de su base de usuarios. La fuga se produce en un momento muy crítico para la compañía, teniendo en cuenta que hasta el mes pasado julio Firefox constituía apenas el 6,75% del mercado de los navegadores web en el mundo. Frente a este escuálido porcentaje, Chrome acapara el 70,33% del mercado, según los últimos datos de cuota de mercado de los navegadores web publicados por NetMarketShare

La competencia no parece hacerle ni cosquillas al navegador de Google. Su más inmediato perseguidor es el de Microsoft, Edge, que tiene apenas un 9,98% del mercado —aunque creció casi dos puntos porcentuales desde el año pasado—, tres puntos por encima de Firefox. Explorer, que está a tan solo días de extinguirse según anunció Microsoft, alcanza un 4,10%. Al top 5 se une muy discretamente Safari con 3,46% de cuota del mercado. Navegadores como Yandex, Opera, Vivaldi o Brave casi ni figuran.

Los descomunales porcentajes de Chrome no son una casualidad. Detrás de sus cifras hay una estrategia poco conocida por sus usuarios. Se trata de la base de código abierto sobre la que opera este y muchos otros navegadores de la competencia, un secreto llamado Chromium.

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Chromium es una base de código abierto para desarrollar un navegador web creada por Google, pero accesible para que otras compañías puedan usarla para crear su propia versión de navegador con características adicionales. Algo así como lo que supone el sistema operativo Android en los teléfonos móviles, pero aplicado al desarrollo de los navegadores web.

Mientras Android —con un dominio del 83% del mercado— es utilizado por Samsung, Motorola, Xiaomi, LG, Nokia, entre otros, Chromium es la base de otros navegadores como Opera, Brave, Vivaldi y recientemente Edge. Esto hace que entre estos navegadores existan muchas similitudes y que compartan funciones, lo que los hace más accesibles y universales frente a navegadores con otro sistema de código, como en el caso de Safari —como buen producto de Apple— y de Firefox.

Además, el navegador de Google Chrome está preinstalado en muchos teléfonos que utilizan el sistema Android —un 83% de la cuota de mercado— y Edge, basado en Chromium, es el navegador predeterminado de Windows. Frente a esa competencia, Mozilla ha visto disminuir su cuota de mercado año tras año.

Firefox 91, como alternativa

Mozilla es la organización sin ánimo de lucro responsable de Firefox que fue fundada en 1998 por Netscape. La organización ha desarrollado múltiples productos, como el cliente de correo Thunderbird, el sistema operativo para móviles Firefox OS, el sistema de seguimiento de bugs Bugzilla, el motor de renderizado Gecko, el servicio de “listas de lectura” Pocket y el más popular, el navegador de web Firefox. En 22 años ha ido abriéndose camino con los gigantes tecnológicos y principales competidores. Ahora, en 2021, ¿qué le queda a Mozilla?

De acuerdo con las últimas estrategias de la compañía, la apuesta está en modernizar y adornar cada vez más su navegador y en venderse como la alternativa a Chromium. Más o menos como lo ha hecho iOS de Apple frente al poderío Android, pero de momento sin la misma suerte. Es por eso que Firefox ha ido lanzando constantes actualizaciones. La última, Firefox 91, presenta algunas novedades interesantes para organizar la resistencia ante Chrome.

    • Descargas: Los archivos de Internet ya no se descargarán en una carpeta temporal, sino que pasarán a guardarse en el directorio predeterminado o seleccionado (como sucede con el resto de descargas)
    • Impresión: simplifica la página a imprimirse para prescindir de elementos como barras laterales y menús. Importante: esta opción debe habilitarse manualmente.
    • Interfaz: presenta una nueva interfaz de usuario Proton, que incorpora las pestañas flotantes.
    • Privacidad: varias mejoras en la protección de privacidad y en la gestión de galletas electrónicas (cookies), respectivamente, con SmartBlocks y de Total Cookie Protection.
    • Finalización del soporte para dos tecnologías percibidas como obsoletas: Adobe Flash y el protocolo FTP.
    • Windows: ahora más fácil iniciar sesión en Microsoft y cuentas de trabajo y educativas usando las credenciales de Windows. Importante: esta opción debe habilitarse manualmente.
    • HTTPS: como estrategia de privacidad, Firefox intentará usar HTTPS para todas las conexiones en una ventana de navegación privada y las conexiones HTTP se utilizarán solo en las páginas que no soporten la conexión segura HTTPS.

Mozilla intenta recuperar a los usuarios perdidos y afianzar a sus seguidores fieles con actualizaciones frecuentes del navegador. Al fin y al cabo, el valor de Firefox está en que resiste casi solo frente al imperio de Chromium y eso, de por sí, ya es un logro importante.

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